Cruza un continente entero sobre rieles, del Kremlin a las costas del Pacífico.
Viajar en el tren transiberiano sigue siendo una de las grandes aventuras que quedan sobre un mapa: más de 9.000 kilómetros de vías que unen Moscú con Vladivostok, atravesando Rusia de punta a punta y tocando la orilla del lago Baikal, el más profundo del planeta. No hace falta hacerlo todo de una sentada —esta guía traza una ruta de tres semanas entre Moscú, el lago Baikal y Vladivostok, con la mejor época para viajar, cuánto conviene presupuestar por día y cómo repartir el tiempo entre ciudades y horas de vía.
Cada tramo del transiberiano cambia de paisaje como si fuera otro país: los bulevares imperiales de Moscú dan paso a la taiga interminable, después al agua turquesa del Baikal rodeada de bosque siberiano, y finalmente al puerto de Vladivostok, donde Rusia se asoma al Pacífico y a Asia. Es un viaje que se disfruta desde la ventana del vagón tanto como en cada parada.
| Nivel | Por persona / día | Qué incluye |
|---|---|---|
| Mochilero | USD 40–55 | Camarote platskart (compartido, abierto), hostales, comida en mercados y en el propio tren |
| Medio | USD 90–120 | Camarote kupe (4 personas, con puerta), hoteles de 3 estrellas, tours puntuales en cada parada |
| Premium | USD 220+ | Camarotes de primera clase o trenes turísticos boutique, hoteles con encanto, guías privados |
Presupuesto en destino, por persona, sin vuelos internacionales.
La ruta completa se puede hacer sin bajarse del tren, pero la gracia está en romper el trayecto en tres tramos con paradas largas, para que el viaje no sea solo horas de vía sino también tiempo real en cada lugar.
Primera parada
Todo transiberiano arranca en la estación de Yaroslavsky, pero antes conviene perderse unos días por Moscú: las cúpulas doradas de la Catedral de San Basilio, la Plaza Roja al atardecer y el metro moscovita, que funciona como una galería de arte subterránea. Es también la última oportunidad de comprar cualquier cosa que falte antes de días enteros sobre rieles.
Segunda parada
Después de tres días de vía, bajar en Irkutsk y llegar al Baikal se siente como un premio. El lago contiene cerca de un quinto del agua dulce no congelada del planeta, y sus orillas —sobre todo la isla de Olkhon— combinan playas de piedra, acantilados y aldeas donde todavía se practica el chamanismo buriato. En verano se nada y se navega; en invierno el hielo se vuelve transparente como vidrio.
Tercera parada
Vladivostok cierra el recorrido con un giro inesperado: colinas que recuerdan a San Francisco, un puerto militar y comercial activo, y una fuerte influencia asiática que se nota en los mercados y en la comida. El obelisco que marca el kilómetro 9.288 —el final oficial del transiberiano— es la foto obligada después de tantas horas de tren.